
Hola amigos, bueno, los que queráis seguir siendo amigos mios, cuyo número no me atrevería a aventurar ( con la excepción de Carlos, que no ya solo supongo me profesará amistad eterna e admiración, sino que incluso igual me nombra padrino de su retoño ).
Acabo de venir de una cena, y por mucho que quería participar de la conversación y la sobremesa, se me notaba ausente. Había un recuerdo repetitivo que me entumecía el pensamiento. Me veía yo, el último minuto de partido, dándole a una pelota con la uña, luego intentando arreglar pateticamente mi hazaña, siendo demasiado tarde y totalmente en vano.
En ese momento, compañeros, no pude miraros a la cara ( no sea que me entrara la risa ), sin embargo, encontré cierto alivio en el recuerdo de haber leído la crónica de Gregorio Manzano, cuando salió en defensa de Miguel Angel Moya, quien, por decirlo de alguna manera, no estuvo tampoco muy brillante. Es verdad que no es exactamente lo mismo, el cobra, y muy bien, por ser portero, yo, en cambio, pago, y cobro, pero no pasta
Gregorio Manzano escribió entonces;
Quiero expresar hoy mi apoyo a Moyá. Ser portero no es nada fácil. Los que llegan a la élite como Moyá y Lux tienen detrás de si un trabajo duro y lleno de alegrías y de decepciones. La competencia por un puesto en el equipo no es nada fácil en la decisión del entrenador y por este motivo hoy quiero dejar claro que los dos son buenos profesionales y buenos compañeros. Ayer le tocó a Moyá saborear el trago de la amargura, la desolación de la soledad. La jugada no aparentaba ningún peligro pero el fútbol tiene preguntas inexplicables, por eso es fútbol. El portero es el único jugador que no puede sucumbir a la tentación de adornarse, su salida no fue de adorno sino un error de cálculo, pero ¿quién no calcula mal alguna vez? Lo más bonito de la tarde fue el gesto de Jonás, que tras empatar Güiza, fue a celebrarlo con Moyá, a darle un abrazo de consuelo y de intentar limpiarle la mancha del gol encajado. A Miguel Ángel le queda todo un mundo por delante y él acabará siendo lo que es: un gran cancerbero. En la mitología griega un cancerbero era un perro con tres cabezas ya que no dejaba a nadie entrar a los infiernos, aunque algunos héroes excepcionalmente lograran engañarle con comida o con música. A Moyá no tendrá que engañarlo nadie, él mismo sabe que su portería es un barco encallado que a veces saldrá a flote y a veces se irá a la deriva. Ayer se fue a la deriva, pero ¿cuántas veces lo ha sacado a flote?
Mejor no se puede decir.
Admito que en esos momentos comprendo mejor el dolor de Raula y Nando, y como no, de Marcos, por las supinas cagadas que me anteceden
A mi, desde luego, nadie fue al final del partido a abrazarme. Todavía me doy por satisfecho de que no me hayan metido un zapatazo.
Cierto es que la hostilidad manifestada por Marcos, se ha ido suavizando, y observo en el comentario del blog que difumina la responsabilidad entre todos los miembros del equipo, e incluso practica autocritica, cosa que sincera y públicamente, agradezco.
De todas formas, ya sabes Marcos que comparto que lo importante en esto no son los jugadores, sino el equipo, y si, por razones técnicas o psicológicas, consideras que debo guardar suplencia, acataré la decisión técnica y apoyaré con todo mi saber hacer al que me releve.
La solución a esta minicrisis pasa por que juguemos como un EQUIPO, y no como una galina sin cabeza la próxima semana, para dejar definitivamente cerrado ya el grifo.
Me despido con la nota amarga de que no le hemos podido dedicar la victoria al fichaje de Primavera, Juanma, pero bueno, ya se la dedicamos la semana que viene.
Un saludo
Ernesto
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